Descripción
Es tal la inocencia y pureza que habita en la infancia… Casi ningún niño sufre las emociones, las vive. Cuando el niño se incorpora a la vida su mente es fértil, amplia, flexible, hasta que el adulto comienza a inyectar su punto de vista personal de cómo deben ser todas las cosas. Y este aspecto surge porque el adulto no recuerda en qué parte de su mente está su niño interior pendiente de ser atendido por él. Este cuento ilustrado te invita a que pares, te silencies y escuches esa parte de tu mente, de tu corazón donde habita tu inocencia, tu luz. Lo que ya Eres




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